Dedicado a quien me enseña a traves de sus escritos a la persona que aspiro a ser y que ella es. Hacen falta cuarenta años para darse cuenta que lo verdaderamente importante de este mundo son las pequeñas-grandes cosas. Yo, con mi torpeza particular, necesitaría varias vidas.
Feliz cumpleaños Maite.
Mi querido ignorante en casi todo:
Trato de regresar a las pequeñas-grandes cosas pero tu torpeza no me lo permite. Tus neuronas son manglares. A pesar de todo seguiré intentándolo. En otras cartas anteriores insistí en ello: las pequeñas-grandes cosas son la única felicidad autorizada en este mundo. Una felicidad-destello, sí, pero felicidad al fin y a la postre. Y para VIVIRLAS en plenitud debes subir primero al principio de los principios. Me explico: para beber y paladear cada pequeña-gran cosa hay que desencadenar al tiempo. Hasta ahora, mi querido idiota, eras tú quien engordabas al futuro (¿recuerdas?). Tú con tus prisas, convertías al tiempo en una maleta. Lo hacías para danzar pesadamente al son de tu agenda.
Hasta ahora, el tiempo (sobre todo el tuyo) era otro idiota, otro esclavo de ti mismo. Lo sé: siempre has creído lo contrario (tú eras el esclavo del tiempo). Si decides VIVIR, si empiezas a practicar el saludable deporte de las pequeñas-grandes cosas, comprobarás quién es quién. Comprobarás que el tiempo (libre de cadenas) se relentiza y te empapa de salud y satisfacción. ¡El tiempo convertido en lluvia mansa! Si lo liberas con el indulto de cada pequeña-gran cosa, el tiempo, en lugar de seguirte de mala gana, te precederá y te perfumará tu nuevo camino. Ahora, mi querido idiota, la "falta de tiempo" es un insulto a la inteligencia. Ahora con el descubrimiento de las pequeñas grandes cosas, lo verás fluir en su estado natural (ni solido, ni liquido ni gaseoso). Y el tiempo, al fin, te mirará a los ojos. Entonces, sólo entonces, serás moderadamente feliz y durante un tiempo sin tiempo. Sí, ése es el hallazgo de los hallazgos; las pequeñás-grandes cosas: el talisman de los sabios. El cofre secreto enterrado por un Dios en cada corazón. La luna para los necios. La última esperanza para los profanos, como tú. La religión de los inteligentes. El espejo de los más bellos. La verdad en zapatillas. El Destino mojado en leche. Un cazaclavos para el alma en pena. Agua en el desierto de los días. La dulzura en el sentido de las agujas del reloj. El presente vestido de Dios. Dios vestido de presente. Tus mejores sueños tocando palmas. La eternidad en el dedal de un "te quiero". La creación entera y señorona sentada a tus pies, observándote. Eso, y mucho más son las pequeñas-grandes cosas, querido idiota. La felicidad (recuerda) en porciones. El cielo en un carrillo de mano...
Saludos.

Mi querido Duende Verde: dudo muy mucho que seas un "ignorante de casi todo", y que necesites varias vidas para darte cuenta de lo que es importante en ellas. Dudo hasta que necesites 40 años, como otros simples mortales algo inquietos hemos necesitado. Y sí, son esas pequeñas-grandes cosas, pequeñas-enormes hasta diría yo, que nos emperramos en buscar por todos lados sin darnos cuenta de que están dentro de nosotros. Allí, más que fuera, el tiempo no existe: el pasado ya se fue, y el futuro aún no ha llegado. Siempre es "ahora". Lo único que tenemos. Aprendamos pues a hacer de cada "ahora" lo mejor que nos puede pasar. Como ahora, mi "ahora", en que he leído este texto... Muchísimas gracias, duende verde...!! Me ha encantado, de veras. Un besazo enorme, y GRACIAS!!!