[…] No me has dejado terminar. Quería decir que todo lo que merece la pena es femenino. Según tus propias palabras la mar es femenino. ¿Y qué me dices de la música, de la bondad o de las rosas?

- ¿Y qué me dices del pensamiento?

- Pura curva, hijo. Ondas cerebrales. Olas inteligentes. En realidad, pensar es femenino. Pensar es la respiración de la mente. La imaginación es una ahijada de la mente. Como ves, todo lo que merece la pena es “la”.

- Pensar como una mujer, ¿tú crees que el mundo iría mejor?

- Iría redondo, hijo. La mujer nos aventaja en casi todo. Es el único ser de la creación capaz de disparar dos arcos al mismo tiempo: el de la inteligencia y el de la intuición. Ella mide con la vara de la prudencia y se contenta con la generosidad del “ahora”. Ella antepone la caricia a la fuerza. Ella es la tolerancia, la serenidad y la alegría. La mujer es la razón, la cuna, la sensatez y la experiencia. Ella es la madre y la VIDA. La sombra y la luz. La mirada y la esperanza.

- ¿Y por qué sigue siendo un ciudadano de segunda?

- Por causa del miedo y el error. El “la”, una vez más ha sido esclavizado por el “el”. Lo masculino no ha comprendido aún que AMOR empieza por “A” (femenino).

- El miedo… ¿Tú crees que le tenemos miedo a la mujer?

- Desde que la gemela (la verdadera “Eva”) descubrió cómo alimentar y utilizar el fuego, hijo. En ese instante, el varón comprendió. Pero, lejos de sumar las fuerzas, en lugar de beneficiarse de esa brillante inteligencia, la mantuvo a distancia, encadenándola al “el”

[...]