Llevo tres días tomando una tarrina pequeña de chocolate belga en el postre de la cena. Nunca lo había probado antes y el chocolate tampoco es que sea mi sabor de helado favorito pero reconozco que me ha ganado. La pedí “por probar” y porque no tenía nada mejor en la nevera. O quizás si pero no me apetecía llegar hasta allí. El caso es que empecé por una tarrina de 100ml y ya hoy voy por una de las grandes.

Mi amiga (la niña perdida) me la recomendó, me dijo que estaba buena (como ella, pensé yo) luego llegaron las cucharadas, una tras otra y un link “Se busca…perdí mi sentimiento…pago con amor” ¿saben ustedes lo difícil que es encontrar a alguien que pague hoy en día con esa moneda? Es la única que me falta, la única que quiero. Podía colgar aquí un anuncio y decir: Duende belga busca duendecilla que quiera pasar las tardes paseando por la tranquila San Sebastián, que le apetezca despertarse conmigo viendo la playa de Zurriola, que quiera que la bese mientras el fino Urumea se pelea con el bravo y frío Cantábrico… Pero es malgastar el tiempo puesto que ya tiene rostro. Lástima que solo vaya a tener eso de ella. Su corazón le pertenece a un gigante que me tendrá para siempre ganada la partida. No me pregunten por que, sigo sin entenderlo.

Se que solo la quiero a ella y se que a día de hoy mi pequeño corazón de duende se esconde tras una viruta de chocolate para verla pasar por delante de mi ventana…esperando que un día me diga: si, quiero estar contigo.