Me siento observado. Puede que sea un exceso, de ego o de colonia. O puede que lleve un peso tan grande en la espalda del pasado que nadie quiera ya mirarme a los ojos. El caso es que me miran y yo les noto sus miradas. Las noto a mi espalda, noto que se vuelven a mirarme. No me hablan, permanecen callados pero sus ojos me insultan por ellos. No se que hice mal ni cual es mi crimen. Por eso estoy aquí, porque en la puerta nadie me miro al entrar. Abro sin saber a quien voy a encontrarme, no me importa mientras no claven en mí esas finas dagas que tanto daño están haciéndome.
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Dicen que hay quienes nacieron marcados por una estrella que les acompaña y les guía durante toda su vida. Y que esas personas tienes un halo especial que las hace diferentes.
Lo diferente puede ser amado u odiado a partes iguales, en cualquier caso hacen a la persona centro de la atención de muchas miradas.
Duende, levanta la cabeza, mira tu estrella y siéntete orgulloso del hombre en que te has convertido, porque siempre tendrás entre las miradas hostiles una cálida que sonríe cada segundo al verte.
Bienvenido a la aventura de La Coctelera, me alegra tener también aquí tu compañía.
Mutxu Mila.
El que esté libre de pecado que tire la primera piedra... Tal vez todas esas finas dagas te las estés tirando tú mismo...